sábado, 2 de marzo de 2013

No sé qué hago con mi vida - parte 30

Madre mía, como pasa el tiempo..... Ya se me había casi olvidado que esta cosa pseudo rara existía y que la escribía yo. Digo casi porque quiero mencionar a aquellos (AQUELLOS) que me lo han recordado muchas (todo el tiempo) veces.

Hoy ha sido un día muy aburrido, y aunque estoy muy ocupado (os recuerdo que tengo vida: duermo, como, existo, duermo, etc) nada mejor para aliviar el sufrimiento de la rutina diaria que recordar viejas glorias pasadas (lo gracioso de esto es que sé que luego nadie lo leerá). Así que... ¿de qué vamos a hablar hoy? ¿Del futuro? ¿De política? ¿Economía? ¡¡PUES NO!! Para eso existe el telediario y los periódicos. Además, siempre están aquellas personas que conoces pero que nunca has hablado con ellas de nada y cuyo tema de conversación es:
-¡Hola!
-¡Hola!
-....
-....
(bis x 15 veces)

-Hey, ¿te has enterado de lo de (nombre de político/famoso/videodeyoutube)?


Dependiendo de quién seas la conversación se desglosa de la siguiente manera:

SI TU HACES LA PREGUNTA:

-No
-Pues que ha pasado tal cosa y..

SI ES DE RISA:

-y claro al final, pues eso jajaja
-Ah....

SI ES DE ENFADO:

-es que son unos hijos de puta, eh? la gente ya no sabe lo que hace
-ya ves


Pero si fuera al contario (TU TIENES QUE ESCUCHAR SU HISTORIA):

Prácticamente esto se desarrolla de la manera en la que lo miras fijamente a los ojos y te pones a pensar en tus cosas, te evades de la realidad, pueden ser 5 minutos, media hora o 3 segundos que al final tu conciencia será la que te devuelva en el momento final de la conversación. Justo en ese momento escucharás o el "jajaja" del primer caso o el sentimiento de reproche del segundo caso y la conversación será la misma. No hay ningún cambio, esto es igual para todos. Todos somos iguales de cabrones en la vida.

Pero puestos ha decir cosas que la gente hace mal, sabiendo que está mal, y que aun así se hace sin mala intención, la peor, la más humillante para el género humano es, sin duda alguna, estar atentos en la comida para coger más piezas que nadie de lo que queremos comer. Esto es así, no hay más.

Tú estás comiendo con tus padres, tus amigos o, porque te ha dado un arrebato de buena persona, con el mendigo de tu BBVA o Caja Madrid (ahora BANKIA) habitual. Pueden ser patatas, croquetas, frutos secos, aceitunas, berenjenas, pescado, carne, la botella de vino, da igual mientras se pueda comer. Tu cerebro solo puede pensar en ese momento "quiero más", y en ese momento empiezas a realizar un cálculo matemático de probabilidades en el que intentas calcular la velocidad necesaria para comer, coger más y al mismo tiempo coger de otras cosas para que no parezca que estás tan desesperado por comerte aquello que te obsesiona tanto. Empiezas a mirar a las personas de tu mesa, a calcular y observar lo que comen y con qué frecuencia, te das cuenta de que si tu padre está hablando con tu madre eso le retrasa a él, pero tu madre sigue comiendo igual o a una velocidad mayor proporcional al grado de interés que tenga en la conversación con tu padre. Pero si la distancia entre el plato y tu madre es demasiada sabes que no lo cogerá a menos que sea un verdadero antojo, porque todos somos unos vagos y no nos sale de las narices levantar el brazo más de lo normal para comer si tenemos cosas cerca. Calculas el grado de temperatura en el ambiente para saber si beberán más o menos, la influencia que la tele y el canal que estás viendo tiene sobre tu familia. La intensidad con la que el sol ilumina tu comida haciéndola resaltar sobre el resto.

El caso es que al final cogerás el último trozo y tu padre, en un momento de sabiduría ancestral mira al plato, echa un vistazo a la sala, y con una velocidad intelectual más alta que la tuya ya ha calculado que de los que estáis tú eres el que ha comido más, así que se gira, te mira y dice:

-Qué... ¿estaba bueno? Porque te lo has comido tu solo vaya.

Y al final no ha servido para nada.

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